jueves, octubre 18, 2007

Desmemoria


España, 1936-2007
Pedro Delgado Sánchez

Es Jerez de los Caballeros una hermosa población de la provincia de Badajoz. Allí nació mi abuela y murió mi abuelo. El 21 de septiembre de 1936 no hubo guerra, sólo una rueda interminable de fusilamientos. Y cabezas de mujeres rapadas. Y expolio de propiedades de los vencidos. Y miedo, mucho miedo. Ningún jerezano de derechas fue asesinado antes de la conquista. Fueron encarcelados por la autoridad republicana y eso les salvó.

El 21 de septiembre de 2006 era yo quien entraba en Jerez de los Caballeros. Acudí al homenaje de los republicanos fusilados. Y a buscar a mi abuelo. Oí historias inimaginables. Hice amigos. Entre éstos, una mujer a quien la violencia le había arrebatado dos hermanos, José y Francisco. A Francisco le enterró en el pueblo tras recoger su cuerpo del cementerio de Bermeo (Vizcaya), donde fue cristianamente sepultado tras morir en el País Vasco, combatiendo en las filas del ejército de Franco. Era católico. Como la madre de mi amiga, ferviente, celosa cumplidora de sus deberes para con su Iglesia. Tan devota que hizo prometer a su hija antes de morir que en cuanto "se pudiera" enterraría a su otro hijo, José, como a un auténtico cristiano. José fue fusilado por falangistas el 3 de octubre de 1936, contra las paredes del cementerio. La única acusación que conocieron fue, años después, bajo secreto de confesión, que había reído ante el paso de los presos de derechas cuando eran llevados a trabajar. Tenía 23 años. Lo enterraron en una fosa común exhumada en el cementerio de Jerez de los Caballeros en 1981. Mi amiga decidió que no podía dejar allí a sus otros conciudadanos. En ese momento, 65. Hay en el cementerio de Jerez de los Caballeros un mausoleo en cuya lápida blanca grabaron: "Holocausto. 1936-1939". Y la paloma de la paz de Picasso. Mi amiga me contó que no se atrevieron a poner los nombres de los republicanos por "no abrir viejas heridas".

Años más tarde, antes de fallecer la madre de mi amiga, recibieron una sorprendente visita. Eran dos sacerdotes que venían a ofrecer la posibilidad de emprender el proceso para proclamar mártir a su hijo Francisco, caído por Dios y por España en el frente del País Vasco. Me cuenta mi amiga que su madre les dijo a los ministros de su amada Iglesia católica que ella conocía mejor que nadie a Francisco. Y a su otro hijo José. Y que si bien ambos eran muchachos de buen corazón y mejores actos, si por su forma de actuar en la vida alguno podía ser denominado santo, ése era su hijo José. Cuenta mi amiga que tras insistir brevemente, los sacerdotes salieron de su casa. Ni el próximo 28 de octubre, ni ningún otro día, los nombres de Francisco y de José serán mencionados en la plaza de San Pedro de Roma.


Un mártir que no será beatificado
Manuel Francisco Riera Martínez

En aquel verano de 1936, Jeroni Alomar, Poquet, era sacerdote en Llubí, un pueblo del centro de Mallorca.

Hay que recordar que el "alzamiento" triunfó en Mallorca sin lucha, y que antes del mismo tampoco se había ejercido violencia alguna contra las gentes de derechas o la Iglesia, lo que no impidió la sangrienta represión, los centenares de asesinados en las cunetas de las carreteras por haber figurado en listas electorales del Frente Popular, por estar afiliado a un sindicato o pertenecer a un partido de izquierda o incluso de centro.

En aquel clima, Jeroni Alomar contribuyó decisivamente a salvar la vida de algunas personas -alcaldes o concejales de algún pueblo vecino al suyo-, facilitándoles la huida en barca a Argelia.

Detenido y juzgado en uno de aquellos vergonzosos consejos de guerra por "auxilio a la rebelión", fue fusilado en junio de 1937.

Sin duda, Jeroni Alomar era "culpable" de su "delito". Este delito, en términos laicos, no era otro que sentido de justicia, solidaridad con las víctimas y profunda humanidad. Pero, además, y si no me equivoco, tales sentimientos y comportamiento se ajustan a lo que, según dicen, debe entenderse por "caridad cristiana"; dicho en otras palabras, desde el punto de vista católico este sacerdote fue fusilado precisamente por cumplir con su obligación de buen cristiano y de sacerdote (por cierto que el obispo -Miralles-, incondicional de los sublevados, consintió el crimen sin mayores protestas).

Si la Iglesia fuera otra cosa que una monumental, monstruosa, estructura de hipocresía, ¿no es evidente que debería exponer para admiración e imitación el ejemplo de ese sacerdote? ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué será que no me sorprende en absoluto que la jerarquía católica ni siquiera mencione este caso, sino que trate de cubrir de olvido al pobre Jeroni Alomar, culpable de haberse creído lo de la caridad cristiana.


Isabel Allende:
“Es un grave error que el PP quiera olvidar a las víctimas de la dictadura”
  • La hija del ex presidente chileno Salvador Allende critica que los populares se desmarquen de la Ley de la Memoria Histórica.
  • Dice que la derecha chilena ha aprobado recientemente actos de reparación y reconocimiento de las víctimas.
  • Cree que si esta ley llega a España con retraso, a lo mejor, se debe a que no pudo hacerse antes.
Isabel Allende Bussi, hija del ex presidente chileno Salvador Allende, ha asegurado que la actitud del PP de apostar por el "olvido" de las víctimas de la dictadura y desmarcarse de la Ley de memoria histórica que se tramita en el Congreso, supone un "grave error".


Uno de los mártires de la Guerra Civil que el Papa beatificará fue un torturador
  • Gabino Olaso Zabala torturó a un sacerdote filipino.
  • Es uno de los 498 curas que serán beatificados por Benedicto XVI.
  • Todos ellos fueron asesinados durante la Guerra Civil.

4 comentarios:

ÓsQar dijo...

¿Qué más se puede decir?

Felipe dijo...

Ahí está. Poco más se puede decir.

Un saludo.

Blanca dijo...

Esto debería servir a los que piensan que en España se vivió desde el 39 con placidez...

Felipe dijo...

Así es. Con la placided de los cementerios, como ya han dicho algunos por ahí.